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18 de agosto de 2014

Pablo de Rokha - Imprecación a Satanás

La poesía de Pablo de Rokha me descoloca, me descoloca, me descoloca. Es algo inquietante, pero que no se puede dejar de lado.
No me pasa eso con ningún otro poeta... ni con el mismísimo Lira.
La cosa es que el jueves pasado vino mi mamá y yo le mencioné esto mismo, entonces empezamos a leer "Los Gemidos" (que pedí en el CRA del colegio) y empezamos a sacarle el rollo. Fue un ejercicio enriquecedor, de verdad. Os lo recomiendo.
No encontré dicho poema en Internet, así que lo transcribiré (respetaré sus sintaxis y puntuación)




IMPRECACIÓN A SATANÁS

Sobre el pensamiento y la muerte, al final, al final del hombre, la vida, la vida y sus causas... al final!, muy lejos, muy lejos, muy lejos de vosotros, muy lejos, frente a Mí, tú, oh! sueño funeral, gris como el entendimiento vegetal o botánico, botánico de un árbol, hijo de mujer, hijo de mujer dominas el espectáculo; sideral y aúllas, aúllas, aúllas, aúllas, mueves tus días fatales amarillentos lo mismo que atardeceres lluviosos u hombres idiotas, e impones, iconoclasta y ácido, la perspectiva imperial que el sufrimiento humano, el sufrimiento humano imaginó, a manera de cumbre soleada por el sol muerto del vacío, para ti, Satanás.

* * *

Creo en Dios, como el espanto inicial del conocimiento, la mentira animal prolongándose inmensa y dolorosamente hacia la eternidad balbuciente de las últimas, pálidas, pálidas, últimas e inútiles experiencias, el espectro monumental, crepuscular o absurdo del bimano que emerge, emerge, emerge agobiado con el misterio azul de los anchos asombros elementales hasta las montañas de la amargura racional; he mirado pasar, TRANQUILAMENTE, al poeta de ayer por el camino, sin crepúsculos, de la belleza habitual, inmóvil con la inmovilidad del concepto e ingenuamente feliz, ingenuamente feliz, ingenuamente feliz, pero tu canto horrible de maldito, alarido de fúnebres, extraordinarios e inhábiles tonos ácidos, mortuorios, ácidos, mortuorios, arrojó a la sombra de mis sesos ardientes la semilla hostil, la semilla hostil, embrión de plantas lúgubres, impudentes, tentaculares, envenenadas cual culebras, el horror, la tragedia que corroe y alumbra, alumbra colmando de canciones agrias, mi verdad superior, ancé :'(.

* * *

Tu fealdad que culmina, culmina a fuerza de expresión estética el dinamismo, la belleza de los fenómenos reales y la ilusión, tu fealdad, tu fealdad es bella, bella, bella, bellísima con el terror sublime del ritmo tremendo, horrendo, tremendo, tremendo, tétrico y móvil que hacen temblando, diez, cien planos y mil líneas muertas, truncas, rotas,  viajeras de la forma, golondrinas celestes del volumen, ahí donde hay ruido, pánico, frío, frío, frío, frío, frío de soledad, el tiempo y los seres pálidos concluyen y comienzas tú, Satanás.



No alcancé :(

1 de julio de 2014

A los enmudecidos - Georg Trakl

Ah, la locura de la gran ciudad cuando al anochecer,
junto a los negros muros, se levantan los árboles deformes
y a través de la máscara de plata se asoma el genio del mal;
la luz con látigos que atraen ahuyenta pétrea noche.
Oh, el hundido repique de las campanas del crepúsculo.

Ramera que entre escalofríos alumbra una criatura
muerta. La ira de Dios con rabia azota la frente de los  
                   poseidos,                                                       
epidemia purpúrea, hambre que rompe verdes ojos.
Ah, la odiosa carcajada del oro.

Pero una humanidad más silenciosa sangra en oscura   
                   cueva
forjando con metales duros el rostro redentor.

24 de octubre de 2013


Ven. Ven. Así. Te beso...

Ven. Ven. Así. Te beso. Te arranco. Te arrebato. Te compruebo en lo oscuro, ardiente oscuridad, abierta, negra,
oculta derramada golondrina, oh tan azul, de negra, palpitante. Oh así, así, ansiados, blandos labios undosos,
piel de rosa o corales delicados, tan finos. Así, así, absorbidos, más y más, succionados. Así, por todo el tiempo.
Muy de allá, de lo hondo, dulces ungüentos desprendidos, amados, bebidos con frenesí, amor hasta desesperados.
Mi único, mi solo, solitario alimento, mi húmedo, lloviznado en mi boca, resbalado en mi ser. Amor. Mi amor.
Ay, ay. Me dueles. Me lastimas. Ráspame, límame, jadéame tú a mí, comienza y recomienza, con dientes y garganta,
muriendo, agonizando, nuevamente volviendo, falleciendo otra vez, así por siempre, para siempre, en lo oscuro,
quemante oscuridad, uncida noche, amor, sin morir y muriendo, amor, amor, amor, eternamente.






Rafael Alberti





Para esa persona que apareció y cambió todo de repente

15 de agosto de 2013

Kafka en el anime


Un médico rural, versión anime.

6 de mayo de 2013

El origen del mal - León Tolstoi


En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas.

En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.

-El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.

El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.

-Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella "¿Habrá comido?", nos preguntamos. "¿Tendrá bastante abrigo?" Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.

-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.

El ciervo no fue de este parecer.

-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.

Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:

-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.

18 de mayo de 2012

Siete cantos a la muerte


Azulada muere la primavera; bajo sedientos árboles,
camina un ser oscuro en el ocaso
escuchando la dulce queja del mirlo.
Silenciosa aparece la noche, con un venado sangrante
que se abate lentamente en la colina.

La húmeda brisa mece la rama del manzano en flor,
se desata plateado lo que estuvo unido,
muriendo con ojos nocturnos; estrellas que caen;
dulce canto de la infancia.


Iluminado bajó el durmiente por el bosque negro,
murmuraba una fuente azul en la distancia
cuando él levantó sus pálidos párpados
sobre su rostro de nieve.

La luna espantó un rojo animal
de su guarida,
y el oscuro lamento de las mujeres murió en suspiros.

Radiante levantó sus manos hacia su estrella
el blanco forastero;
y silencioso abandona un muerto la casa derruida.

Oh la imagen corrupta del hombre;
fundida con fríos metales,
noche y espanto de bosques sumergidos
y el ardor del animal solitario;
quietud de las corrientes del alma.

La barca sombría lo llevó por cauces fulgurantes,
llenos de estrellas púrpuras, y se inclinó
apacible sobre él la verde rama,
como una blanca amapola desde sus nubes de plata.

Tendida en el bosque de avellanos
juega con sus estrellas.
El estudiante, quizá un doble,
la sigue con la vista desde la ventana.
Detrás de él está su hermano muerto,
o tal vez baja por la vieja escalera de caracol.
A la sombra de los pardos castaños
palidece la figura del joven novicio.
El jardín está en el ocaso.
En el claustro revolotean murciélagos.
Los hijos del portero dejan de jugar
y buscan el oro del cielo.
Acordes finales de un cuarteto.
La pequeña ciega corre temblando por el camino
y después su sombra va a tientas por muros fríos,
rodeada de cuentos y leyendas sagradas.

Hay un navío vacío que al atardecer
desciende por el negro canal.
En las tinieblas del viejo asilo caen ruinas humanas.
Los huérfanos yacen muertos junto al muro del jardín.
De alcobas en penumbra
surgen ángeles con alas manchadas de barro.
Gotean gusanos de sus párpados amarillentos.
La plaza de la iglesia es sombría y silenciosa
como en los días de la infancia.
Sobre pies de plata se deslizan antiguas vidas
y las sombras de los condenados
descienden hacia las aguas suspirantes.
En su tumba juega el mago blanco con sus serpientes.

Silenciosos sobre el calvario
se abren los dorados ojos de Dios.







Georg Trakl

9 de abril de 2012

Antonia - Villiers de L'Isle Adam


Íbamos a menudo a casa de la Duthé: allí hablábamos de moral y otras veces hacíamos cosas peores.
-El Príncipe de Ligne

Antonia vertió agua helada en un vaso y puso en él su ramo de violetas de Parma:
-¡Adiós a las botellas de vino de España! -dijo.
E, inclinándose hacia un candelabro, encendió, sonriendo, un papelito liado con una pizca de phëresli1; este movimiento hizo brillar sus cabellos, negros como el carbón.
Toda la noche habíamos estado bebiendo jerez. Por la ventana, abierta sobre los jardines de la villa, oíamos el rumor de las hojas.
Nuestros bigotes estaban perfumados con sándalo, y, también, Antonia nos dejaba coger las rosas rojas de sus labios con un encanto a la vez tan sincero que no despertaba ningún tipo de celos. Alegre, se contemplaba luego en los espejos de la sala; cuando se volvía hacia nosotros, con aires de Cleopatra, era para verse en nuestros ojos.
En su joven seno había un medallón de oro mate, con sus iniciales en pedrería, sujeto con una cinta de terciopelo negro.
-¿Símbolo de luto? Ya no lo amas.
Y como la abrazaran, ella dijo:
-¡Vean!
Separó con sus finas uñas el cierre de la misteriosa joya: el medallón se abrió. Allí dormía una sombría flor de amor, un pensamiento, artísticamente trenzado con cabellos negros.
-¡Antonia!... según esto, ¿tu amante debe ser algún joven salvaje encadenado por tus malicias?
-¡Un cándido no daría, tan ingenuamente, semejantes muestras de ternura!
-¡No está bien mostrarlo en momentos de placer!
Antonia estalló en una carcajada tan primorosa, tan gozosa, que tuvo que beber, precipitadamente, entre sus violetas, para no ahogarse.
-¿No es necesario tener cabellos en un medallón?... ¿cómo testimonio?... -dijo ella.
-¡Naturalmente! ¡Sin duda!
-¡Ay! mis queridos amantes, tras haber consultado todos mis recuerdos, he escogido uno de mis rizos, y lo llevo... por espíritu de fidelidad

27 de marzo de 2012

TIENES ROSTRO DE PIEDRA ESCULPIDA



Tienes rostro de piedra esculpida,
sangre de tierra dura,
viniste del mar.
Todo lo acoges y escudriñas
y rechazas
como el mar. En el corazón
tienes silencio, tienes palabras
engullidas. Eres oscura.
para ti el alba es silencio.

Y eres como las voces
de la tierra -el choque
del cubo en el pozo,
la canción del fuego,
la caída de una manzana;
las palabras resignadas
y tenebrosas sobre los umbrales,
el grito del niño- las cosas
que nunca pasan.
Tú no cambias. Eres oscura.

Eres la bodega cerrada
con la tierra removida,
donde el niño entró
una vez, descalzo,
y que siempre recuerda.
Eres la habitación oscura
en la que se vuelve a pensar siempre,
como en el patio antiguo
donde nacía el alba.







Cesare Pavese

28 de febrero de 2012

El paseo repentino

Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.
Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.



Franz Kafka





20 de febrero de 2012

Descubrimiento del día

DUDA




Estoy solo en esta tarde silenciosa
Y sólo pienso en ti, en ti.

Tomo un libro y te descubro en cada página
Vago en ti ebrio y perturbado.

Me dejo caer sobre la cama
La almohada me quema...no, no puedo dormir, sólo esperar.

Inseguro, me acerco a la ventana.
Contemplo la luna y la humeante pradera.

En un rincón del huerto me dijiste "sí"
Y ese "sí" me ha acompañado toda la vida. 

De pronto caigo en cuenta
Que siempre fuiste indómita.

Que ese "sí", ese estremecimiento tuyo allá en el huerto,
Esos besos -fueron tan sólo un delirio en la primavera y el sueño.


Nikolai Gumiliov

6 de febrero de 2012

La portadora



Y si te amo, es porque veo en ti la Portadora,
la que, sin saberlo, trae la blanca estrella de la mañana,
el anuncio del viaje
a través de días y días trenzados como las hebras de la lluvia
cuya cabellera, como la tuya, me sigue.
Pues bien sé yo que el cuerpo no es sino una palabra más,
más allá del fatigado aliento nocturno que se mezcla,
la rama de canelo que los sueños agitan tras cada muerte que nos une,
pues bien sé yo que tú y yo no somos sino una palabra más
que terminará de pronunciarse
tras dispensarse una a otra
como los ciegos entre ellos se dispensan el vino, ese sol
que brilla para quienes nunca verán.

Y nuestros días son palabras pronunciadas por otros,
palabras que esconden palabras más grandes.
Por eso te digo tras las pálidas máscaras de estas palabras
y antes de callar para mostrar mi verdadero rostro:
«Toma mi mano. Piensa que estamos entre lamultitud aturdida y satisfecha 
ante las puertas infernales,
y que ante esas puertas, por un momento, llenos de compasión, 
aprisionamos amor en nuestras manos
y tal vez nos será dispensado
conservar el recuerdo de una sola palabra amada
y el recuerdo de ese gesto
lo único nuestro»






Jorge Teillier


Yo juraba que lo había puesto antes, si es mi favorito de Teillier.
Con este hombre me pasa algo curioso cada vez que tomo jugo de frutas jajajajajajajaja








Me duele la cabeza, soy feliz, pero me duele la cabeza. Los psicópatas no sienten miedo, sólo engendran y engendran y engendran.
Jamás en mi vida he sangrando por la nariz.
Hace años me sentí mal por no sangrar más que para los días de regla y me hice tres cortes en el brazo izquierdo, porque quería drenar la tristeza.
Todos los días me miro las dos cicatrices -que parecen gusanos- y me pregunto qué fue de esa catarsis eterna que me hacía ansiar la muerte sin descanso.
Su recuerdo siempre está. Me recuerda lo insulso de los gusanos. Cierta vez fui al Terbuchi y sentí tanta pena; me imagine el momento exacto, la hora exacta, el segundo exacto.
Nadie -salvo su familia- la recuerda más que yo. Pero yo fui cobarde. Una perra inmisericorde que ni siquiera merece recordarla.
Nunca supe si se fue odiándome; según me dijeron, ella sonreía.
La única certeza que tengo es que... cuando me vaya, también voy a sonreír.




1 de febrero de 2012

Yo la amé,
y ese amor tal vez,
está en mi alma todavía, quema mi pecho.
Pero confundirla más, no quiero.
Que no le traiga pena este amor mío.
Yola amé. Sin esperanza, con locura.
Sin voz, por los celos consumido;
la amé, sin engaño, con ternura,
tanto, que ojalá lo quiera Dios,
y que otro, amor le tenga como el mío.




Aleksandr Pushkin


Tenemos una deuda, gatito

3 de octubre de 2010

Falleció Sergio Hernández, un poeta grande, provinciano y chillanejo



Fue promovido por un grupo de chillanejos el año 2008 al Premio Nacional de Literatura. En sus poemas le escribió a la mosca, al canceroso, a Dios, e hizo una analogía con las plantas, “que nunca han sabido quienes son / y echan flores o espinas / o atrapan insectos / ellos están ahí simplemente / como yo en mi tierra”.

Es Sergio Enrique Hernández Romero, el famoso poeta, quien ayer falleció a las 20.15 horas en el hospital de Chillán, luego de haber permanecido en el recinto asistencial durante una semana, aquejado por una enfermedad que no pudo vencer, la diabetes, que a la postre le provocó una descompensación y su muerte. “Tuvo un compromiso respiratorio”, detallaron sus familiares más cercanos, lo que finalmente provocó el final, a los 79 años.

De acuerdo a datos entregados ayer a LA DISCUSIÓN por familiares directos del literato, había tenido un repunte en su salud, sin embargo se descompensó ayer, y finalmente dejó Chillán, el barrio bohemio de la estación de trenes que conoció en su juventud y donde se inspiró para escribir sus obras, dejó las aulas de la UBB donde los alumnos conocieron su talento, dejó ese caminar lento y mirada profunda, dejó sus libros de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, los poetas malditos, a los que tanto quiso emular cuando recién se iniciaba en el mundo de las letras. De echo, tenía un cuadro con la imagen de Baudelaire en el living de su departamento en edificio Claudio Arrau, cuando vivía en él, al cual siempre miraba como inspiración.

Deja dos hermanos, Ángel y Marta, quienes junto a otros familiares ayer hicieron los trámites de rigor para llevarlo a la Parroquia San Vicente, donde sus restos serán velados hoy. La calle Arturo Prat se llenará de seguidores de Hernández, para despedir a un hombre sencillo, que siempre escondió su talento y que nunca se ufanó con lo mucho que había vivido y conocía.
Nació en 1931, estudió en la Escuela México y en el Liceo de Hombres, y se recibe de Profesor de Estado en Castellano en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Luego realiza estudios de postítulo en el Instituto de Cultura Hispánica y en la Universidad Central de Madrid. Además, fue miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua, de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios y socio activo de la Sociedad de Escritores de Chile.

Su producción literaria se recoge entre otros “Cantos de pan” (1959), “Registro” (1965), “Ultimas señales” (1979) y “Adivinanzas” (1998). Además escribió una notable autobiografía, “¿Quién es quién en las letras chilenas?”.


ESTÁ BIEN

Está bien
está bien
todo está bien
sólo que el hambre mata niños
y en la oscura humedad
crecen los muertos
y sin embargo está bien todo
y es grato haber llorado entre cipreses
embriagarse de tiempo
refrescar con amigos y cerveza
las blancas noches de verano
anclar el corazón en algún puerto
incorporar un poco de sol
al alma que habitamos
entretejer de amor
las noches y los días
y sobre todo pensar
que aún pertenecemos
a esta pequeña parte de la muerte
que hemos llamamos vida.

Sergio Hernández (Chillán 1931).




Porque nunca se vendió, porque cuando sus pares migraron a la capital para buscar fama y fortuna él permaneció en su ciudad natal, porque nos iluminó con esa lírica austera y fastuosa que sólo de un corazón como el suyo podía emanar, porque simplemente fue ÉL.

Y qué más... era gay... nuestra profesora Berta, jefe de escuela, que era su íntima amiga, le decía cuando peleaban "¡maricón de mierda, te grito la vida!"

29 de septiembre de 2010

El dinosaurio - Augusto Monterroso



Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.




13 de septiembre de 2010

In memoriam

Si no fuese porque decidí activar mi cuenta en twitter, jamás me hubiese enterado de la muerte de Claude Chabrol.

Puta la weá, este año se nos murió Eric Rohmer, J.D. Salinger, Chabrol y SANDRO. ¿Qué más queda?

Que muera yo... y ahí sí que se acaban las celebridades, JA!

Ahhhh no po, falta Cerati todavía (ejem, ejem).


Un brote de peste bubónica le haría bien al mundo... no, que mejor sea bucólica, para que todos críemos corderitos y tañamos melodías amorosas.

Si hay algo a lo que realmente temo, aparte de los asesinos en serie, es a la peste negra. Camus me traumó.



En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín .

Rimbaud, Rimbaud...

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...


Pero esto da más miedito todavía: LA DANZA DE LA MUERTE. Se supone que es una creación literaria de la España medieval en la que se rendía culto a la figura de la muerte (tomada como un ente andrógino y omnipotente), al mismo tiempo que amedrentaba al vulgo para que no incurriera en pecado.

Como la gente de la Edad Media era "CHAYOSA" para sus cosas, todo este cahuín se representaba para las festividades religiosas, de igual forma que los autosacramentales.


DANZA DE LA MUERTE (FRAGMENTO)

Aqui comiença la dança general, en la qual tracta como la Muerte avisa a todas las criaturas que paren mientes en la breviedad de su vida e que della mayor cabdal non sea fecho que ella meresce. E asimesmo les dize e requiere que vean e oyan bien lo que los sabios pedricadores les dizen e amonestan de cada dia, dandoles bueno e sano consejo que pugnien en fazer buenas obras porque hayan complido perdon de sus pecados. E luego siguiente mostrando por espiriencia lo que dize, llama e requiere a todos los estados del mundo que vengan de su buen grado o contra su voluntad. Començando dize ansi:

LA MUERTE:

Yo so la Muerte cierta a todas criaturas
que son y seran en el mundo durante;
demando y digo: «O homne, por que curas
de vida tan breve en punto pasante?
Pues non hay tan fuerte nin rezio gigante
que deste mi arco se pueda anparar,
conviene que mueras quando lo tirar
con esta mi frecha cruel traspasante.

Que locura es esta tan magnifiesta,
que piensas tu, homne, que el otro morra,
e tu quedaras, por ser bien compuesta
la tu complision e que durara?
Non eres cierto si en punto verna
sobre ti a desshora alguna corrupcion
de landre o carbonco, o tal inplision
porque el tu vil cuerpo se dessatara.

O piensas por ser mancebo valiente
o niño de dias que a lueñe estare
e fasta que liegues a viejo impotente
la mi venida me detardare?
Avisate bien que yo llegare
a ti a deshora, que non he cuydado
que tu seas mancebo o viejo cansado,
que qual te fallare, tal te levare.

La platica muestra seer pura verdat
aquesto que digo sin otra fallencia;
la sancta escriptura con certenidad
da sobre todo su firme sentencia
a todos diziendo: «Fazed penitencia,
que a morir habedes non sabedes cuando;
si non, ved el frayre que esta pedricando,
mirad lo que dize de su grand sabiencia».


Como que de pronto me dieron ganitas de ir pa la Edad Media (HOGUERA SEGURA PARA MÍ)... me gusta toda la imaginería cristiana, las manifestaciones populares, los ritos, etecé, etecé.


Ahora debo ir a leer San Manuel Bueno, mártir de Unamuno... a ver si me impregno de todo ese misticismo (aparente) y se me quita lo digresiva.

Corona


En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
regresa el tiempo a la nuez.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca dice la verdad.

Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
tiempo es de que se sepa,
tiempo es de que la piedra pueda florecer,
de que en la inquietud palpite un corazón.
Tiempo es de que sea tiempo.

Es tiempo.


PAUL CELAN

12 de julio de 2010

Mariano José de Larra y Sánchez de Castro

Pero puede decirle Mari :P

Fue uno de los primeros escritores románticos en España. Recordemos que aquel país (sí, el ganador del mundial de fútbol 2010) tuvo un severo retraso cultural en relación con las demás naciones europeas, pues mientras Francia, Alemania e Inglaterra se encontraban en el apogeo de la tisis, los pañuelos ensangrentados, los rostros exangües y deformados por la melancolía, el culto al noctambulismo y la ampulosidad de los suicidios, España apenas recibía efluvios de romanticismo a través de las "Noches Lúgubres" de Cadalso. Este desarrollo tardío del arte se debe, más que a nada, a la (re) instauración del régimen absolutista y al apego a lo clásico, además de la peculiar división por períodos que éste presenta.

Es así como en medio de todo el fervor neoclasicista surgen personajes que se encargan de criticar el pragmatismo y la suntuosidad de aquella cosmovisión; dentro de ellos se halla Mariano José de Larra, con sus artículos de costumbres.

Y como todo buen romántico, sus días acabaron de forma trágica. Fue el primer literato con pensamiento de rockstar, algo así como un bookstar (?), ya que se suicidó de un tiro en la sien a la edad de 27 años... aunque físicamente dista mucho de ser Kurt Cobain.



Sus ideales se encarnaron en figuras como José de Espronceda, José de Zorrilla (tengo una anécdota bien graciosa con este tipo), Gustavo Adolfo Bécquer (ay, washito rico... mi amor platónico de la literatura HA HA) y los poetas de la generación del 98' y del 27'.


He aquí algunas de sus frases célebres:

  • Las circunstancias... palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos.
  • Generalmente, se puede asegurar que no hay nada más terrible en la sociedad que el trato de las personas que se sienten con alguna superioridad sobre sus semejantes.
  • Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.
  • Las teorías, las doctrinas, los sistemas se explican; los sentimientos se sienten... (emo ql jaja)
  • Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.
  • ¡Bienaventurados los que no hablan; porque ellos se entienden!
  • El sentimiento es un flor delicada, manosearla es marchitarla.
  • Un pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.


17 de junio de 2010

Quiroquiroquiroga

Si bien he estado malísima para leer durante el último tiempo, ando pegada con un cuentista -el género que mejor cultivó- hispanoamericano, que en buen vulgar "le vuela la raja" a Cortázar, aunque más bien fue su "maestro", "mentor", "su papi"... jajajajaja, qué flaite. El hombre en cuestión es ni más ni menos que Horacio Quiroga.
Como todo gran escritor, su vida estuvo marcada por la tragedia: su padre se pegó un tiro a dos meses de haber nacido -dicen que fue accidentalmente-, mató sin querer a un amigo, su primera esposa agonizó ocho días tras haber ingerido veneno, lo dejó la otra mujer, tuvo problemas económicos, le diagnosticaron cáncer y se suicidó. Pero también tiene su lado "brillante", pues se dedicó a la extracción de yerba mate mientras estuvo radicado en la selva, vivió una temporada en París (el sueño del pibe, ¿no?), se hizo amigo de un sujeto de similares características a las de Joseph Merrick, frente al cual bebió un vaso de cianuro... obviamente murió.

Como en la sección "teoría literaria" del blog he dejado algunos decálogos/listados sobre cómo hacer literatura, pondré lo que dice Quiroga al respecto:

Decálogo del perfecto cuentista

I

Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II

Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III

Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV

Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII

No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX

No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

9 de marzo de 2010

,..,.


Piotr Nilus, Otoño (1983)


Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.


Pedro Salinas

28 de enero de 2010

J.D. Salinger: shayooooo!!!!

«Bajó en el quinto piso, caminó por el pasillo y abrió la puerta del 507. La habitación olía a
maletas nuevas de piel de ternera y a quitaesmalte de uñas.
Echó una ojeada a la chica que dormía en una de las camas gemelas. Después fue hasta una
de las maletas, la abrió y extrajo una automática de debajo de un montón de calzoncillos y
camisetas, una Ortgies calibre 7,65. Sacó el cargador, lo examinó y volvió a colocarlo.
Quitó el seguro. Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la
pistola y se disparó un tiro en la sien derecha.»



Viejo, manda fruta desde el otro lado. Seguro que saben mejor que las de acá.