25 de diciembre de 2009

El examen (selección), Michel Foucault


El examen combina las técnicas de la jerarquía que vigile y las de la sanción que normaliza. Es una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar. Establece sobre los individuos una visibilidad a través de la cual se los di­ferencia y se los sanciona. A esto se debe que, en todos los dis­positivos de disciplina, el examen se halle altamente ritualizado. En él vienen a unirse la ceremonia del poder y la forma de la experiencia, el despliegue de la fuerza y el establecimiento de la verdad. En el corazón de los procedimientos de disciplina, mani­fiesta el sometimiento de aquellos que se persiguen como objetos y la objetivación de aquellos que están sometidos. La superpo­sición de las relaciones de poder y de las relaciones de saber ad­quiere en el examen toda su notoriedad visible

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Porque en esta pobre técnica se encuentran implicados todo un dominio de saber, todo un tipo de poder. Se habla a menudo de la ideología que llevan en sí, de manera discreta o parlanchína, las "ciencias" humanas. Pero su tecnología misma, ese pequeño esquema operatorio que tiene tal difusión (de la psiquiatría a la pedagogía, del diagnóstico de las enfermedades a la contratación de mano de obra), ese procedi­miento tan familiar del examen, ¿no utiliza, en el interior de un solo mecanismo, unas relaciones de poder que permiten obtener y constituir cierto saber? No es simplemente al nivel de la con­ciencia, de las representaciones y en lo que se cree saber, sino al nivel de lo que hace posible un saber donde se realiza la actua­ción política.

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El examen lleva consigo todo un mecanismo que une a cierta forma de ejercicio del poder cierto tipo de formación de saber.


1) El examen invierte la economía de la visibilidad en el ejer­cicio del poder. Tradicionalmente el poder es lo que se ve, lo que se muestra, lo que se manifiesta, y, de manera paradójica, encuen­tra el principio de su fuerza en el movimiento por el cual la des­pliega. Aquellos sobre quienes se ejerce pueden mantenerse en la sombra; no reciben luz sino de esa parte de poder que les está concedida, o del reflejo que recae en ellos un instante. En cuanto al poder disciplinario, se ejerce haciéndose invisible; en cambio, impone a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatorio. En la disciplina, son los sometidos los que tienen que ser vistos. Su iluminación garantiza el dominio del poder que se ejerce sobre ellos. El hecho de ser visto sin cesar, de poder ser visto constantemente, es lo que mantiene en su sometimiento al indi­viduo disciplinario. Y el examen es la técnica por la cual el po­der, en lugar de emitir los signos de su potencia, en lugar de im­poner su marca a sus sometidos, mantiene a éstos en un mecanismo de objetivación. En el espacio que domina, el poder disciplinario manifiesta, en cuanto a lo esencial, su poderío acondicionando objetos. El examen equivale a la ceremonia de esta objetivación.


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2) El examen hace entrar también la individualidad en un cam­po documental. Deja tras él un archivo entero tenue y minucioso que se constituye al ras de los cuerpos y de los días. El examen que coloca a los individuos en un campo de vigilancia los sitúa igualmente en una red de escritura; los introduce en todo un espesor de documentos que los captan y los inmovilizan. Los procedimien­tos de examen han ido inmediatamente acompañados de un siste­ma de registro intenso y de acumulación documental. Constituyese un "poder de escritura" como una pieza esencial en los engranajes de la disciplina. Sobre no pocos puntos, se modela de acuerdo con los métodos tradicionales de la documentación administrativa. Pero con técnicas particulares e innovaciones importantes. Unas conciernen a los métodos de identificación, de señalización o de descripción.

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Las otras innovaciones de la escritura disciplinaria conciernen la puesta en correlación de estos elementos, la acumulación de los documentos, su puesta en serie, la organización de campos compa­rativos que permiten clasificar, formar categorías, establecer medias, fijar normas.

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Gracias a todo este aparato de escritura que lo acompaña, el examen abre dos posibilidades que son correlativas: la constitu­ción del individuo como objeto descriptible, analizable; en modo alguno, sin embargo, para reducirlo a rasgos "específicos" como hacen los naturalistas con los seres vivos, sino para mantenerlo en sus rasgos singulares, en su evolución particular, en sus aptitudes o capacidades propias, bajo la mirada de un saber permanente; y de otra parte la constitución de un sistema comparativo que per­mite la medida de fenómenos globales, la descripción de grupos, la caracterización de hechos colectivos, la estimación de las desvia­ciones de los individuos unos respecto de otros, y su distribución en una "población".


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3) El examen, rodeado de todas sus técnicas documentales, hace de cada individuo un "caso": un caso que a la vez constituye un objeto para un conocimiento y una presa para un poder. El caso no es ya, como en la casuística o la jurisprudencia, un conjunto de circunstancias que califican un acto y que pueden modificar la aplicación de una regla; es el individuo tal como se le puede des­cribir, juzgar, medir, comparar a otros y esto en su individualidad misma; y es también el individuo cuya conducta hay que encauzar o corregir, a quien hay que clasificar, normalizar, excluir, etcétera.


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Finalmente, el examen se halla en el centro de los procedimien­tos que constituyen el individuo como objeto y efecto de poder, como efecto y objeto de saber. Es el que, combinando vigilancia jerárquica y sanción normalizadora, garantiza las grandes funciones disciplinarias de distribución y de clasificación, de extracción má­xima de las fuerzas y del tiempo, de acumulación genética conti­nua, de composición óptima de las aptitudes. Por lo tanto, de fabricación de la individualidad celular, orgánica, genética y com­binatoria. Con él se ritualizan esas disciplinas que se pueden ca­racterizar con una palabra diciendo que son una modalidad de poder para el que la diferencia individual es pertinente.



De "Vigilar y castigar".



Sórdida la weaita, ¿no?

Como Foucault es el eterno inclasificable (pese a que se le ha relacionado con el estructuralismo, postestructuralismo, biopolítica, cultura leather, VIH y otras manos jajaja), dejaré esta entrada bajo la categoría de "filosofía", aunque sé que abarca mucho más... pero igual po!

Tengo una caña espantosa de vino en botella... yo cacho que es porque estoy acostumbrada al cartoné, al chimbombo y al litreao ojojojjjjjjjjjj


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Escupa.-