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3 de febrero de 2012

2.- Los imaginarios sociales como expresión del ejercicio del poder. El poder como una relación de fuerzas presentes en todo fenómeno social.



Las definiciones clásicas del término “poder” apuntan al dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para ejecutar algo o mandar; no obstante, estas nociones comprenden el poder como un acto en sí mismo, sin contemplar una perspectiva relacional que permita develar la transversalidad de su naturaleza y, por consiguiente, asumir la idea de sociedad como un conjunto de relaciones sociales. Foucault señala al respecto que:

 El poder no es una institución ni una estructura, o cierta fuerza con la que están investidas determinadas personas; es el nombre dado a una compleja relación estratégica en una sociedad dada.

Para Foucault, el poder consiste en una relación de fuerzas que ha estado presente desde siempre en la sociedad y que se hace manifiesta en todo fenómeno social, puesto que toda relación social es vehículo de poder. Las ideologías hegemónicas ven tierra fértil para su perpetuidad en el ejercicio amplio y continuo del poder desde el cuerpo individual hasta las grandes masas, es decir, en la relación entre “micro – poderes”, de la cual resulta la creación de normas, convenios, formas de propiedad, entre otros. Los mecanismos de poder que operan en la sociedad capitalista influyen notoriamente en la conformación de la subjetividad de las personas, por ende, de los imaginarios sociales.

En otras palabras, los imaginarios sociales son el resultado de una compleja red de discursos y prácticas sociales en las que el poder asume un papel fundamental al constituirse, en su dimensión relacional, como elemento intrínseco de toda organización social.

 En la actualidad, las diferentes ideologías elaboran el discurso de legitimación del orden social imperante, sin considerar las ontologías que definen la realidad como referencia exterior a éstas. En tanto, el sistema económico dominante de occidente abre paso a un nuevo proceso acumulativo del capital, por lo que es indispensable buscar la instancia para justificar estos cambios ante la sociedad. Para ello precisa de la reescritura de los discursos que fundamentan el actual orden social.

Frente a los nuevos movimientos sociales que nacen de las capas dominadas, se impone el discurso de la nueva subjetividad, de la cultura como elemento diferenciador de identidades y el del consumo, lo que se halla estrechamente ligado a la burocratización y monetarización de lo público y lo privado, haciendo de ello la piedra angular de nuestra cotidianidad.

6 de julio de 2011

"Del autoasesinato al suicidio" (fragmento)

El suicidio, de Edouard Manet (1877)*


La aparición del sustantivo "suicidio", al igual que el concepto mente, es una invención occidental del siglo XVII. Ambos términos reflejan un importante cambio cultural: de percibir la muerte voluntaria como una acción de la cual la persona es responsable a percibirla como un suceso del que ya no es. Pero también hemos pasado de contemplar a las personas como poseedoras de alma y libre albedrío a verlas como poseedoras de mentes que pueden desequilibrarse, impidiendo decisiones verdaderamente libres.

Mientras el autoasesinato fue considerado una acción, el lenguaje sólo dispuso de verbos para referirse a él. Ausente la palabra "suicidio", la gente consideraba al suicida un sujeto moral, responsable de su decisión. Por el contrario, ahora pensamos que el suicidio es un suceso o un resultado, lo atribuimos a una enfermedad mental y vemos al sujeto como una víctima ("paciente").

La transformación del alma en mente y del autoasesinato en suicidio señala el comienzo de una gran migración ideológica: muchas de las cuestiones propias de la religión pasarán a formar parte del campo de la medicina. Los pecados se convierten en enfermedades, y los comportamientos "reprobables" sustentados en motivos o razones pasan a ser conductas de "enfermos mentales", cuya causa (etiología) se puede determinar. Si bien atribuir el suicidio a una enfermedad mental excusa y, aparentemente, desestigmatiza el hecho como la consecuencia no deseada de la enfermedad, al mismo tiempo lo incrimina y estigmatiza de nuevo como una temida manifestación de la locura (hereditaria).




Extraído de "Libertad fatal: ética y política del suicidio", Thomas Szasz


* En mis tiempos de "suicida frustrada", esta imagen era casi paradigmática




28 de noviembre de 2010

Doce tesis sobre el capitalismo cognitivo y la bioeconomía, Andrea Fumagalli


1- En el capitalismo cognitivo, el conocimiento es el motor de la acumulación.


2- En el capitalismo cognitivo, la producción de valor ya no se basa sólo y exclusivamente en la producción material sino que se basa cada vez más en los elementos inmateriales, vale decir en las “materias primas” intangibles, difícilmente mesurables y cuantificables, que descienden directamente del uso de las facultades relacionales, sentimentales y cerebrales de los seres humanos.


3- En el capitalismo cognitivo, la producción de valor ya no se basa más en un esquema homogéneo y estandarizado de organización del trabajo, prescindiendo del tipo de bien producido. La actividad de producción actúa con diversas modalidades organizativas, caracterizadas por una estructura de red, gracias al desarrollo de las tecnologías de comunicación lingüística y de transporte. Le sigue una descomposición de la tradicional forma jerárquica unilateral dentro de la fábrica que viene sustituida por estructuras jerárquicas que actúan sobre el territorio a lo largo de filas productivas de subabastecimiento, caracterizadas por relaciones de cooperación y/o mando.


4-En el capitalismo cognitivo, la división del trabajo asume también características cognitivas, o bien, se basa en el uso y el acceso diferenciado de diversas formas de conocimiento. El conocimiento se puede dividir en cuatro niveles: información, conocimiento codificado-especializado, conocimiento sistémico y cultura, caracterizados por relaciones unilaterales de dependencia. La información viene contenida en el conocimiento codificado y especializado (saber-cómo), que a su vez viene contenido en el conocimiento sistémico (saber-qué), que a su vez depende del nivel cultural. En el capitalismo cognitivo la condición de la fuerza de trabajo viene acompañada por la movilidad y el predominio de la contratación individual. Esto deriva del hecho de que son las individualidades nómadas las que vienen puestas a trabajar y la supremacía del derecho privado sobre el derecho de trabajo induce a transformar el aporte de las individualidades, sobre todo si se caracterizan por actividades cognitivas, relacionales y afectivas, en individualismo contractual. La relación de trabajo basado en la condición de precariedad, o bien, límite temporal y movilidad espacial de la prestación laboral, es el paradigma de base de la forma de la relación capital-trabajo.


5- El capitalismo cognitivo, el proceso de acumulación se basa en la explotación de dos nuevas tipologías de economía de escala: los procesos de aprendizaje y los procesos de network y red.


6- Una de las características esenciales del capitalismo cognitivo es la desmaterialización del capital fijo y la transferencia de sus funciones productivas y organizativas en el cuerpo vivo de la fuerza-trabajo. En el capitalismo cognitivo, el ser viviente contiene en sí ambas funciones de capital fijo y de capital variable, esto es, los materiales e instrumentos del trabajo pasado y del trabajo vivo presente: el bios.


7- En el capitalismo cognitivo, la separación entre trabajo abstracto y trabajo concreto no es tan clara como en el capitalismo industrial-fordista. Sobre todo, hoy aquello que marx llamaba trabajo concreto, el trabajo que produce valores de uso, puede ser renombrado como trabajo creativo. Tal término permite tomar en cuenta la aportación cerebral que se tiene en cuenta en dicha actividad, mientras que el término “trabajo concreto”, aun siendo conceptualmente un sinónimo, llama más a la idea del “hacer” que del “pensar”, con una referencia más marcada al trabajo artesanal en sí y por si.


8- En el capitalismo cognitivo se asiste cada vez más a una compenetración entre lugar de producción y formación de redes productivas: el espacio, geográfico o virtual, llega a ser el lugar de producción ya no caracterizado por una presencia única y autocentrada, sino como un conjunto de redes formales e informales policéntricas. La producción es el éxito de una estructura a flujos, cada vez más inmateriales, en cuyo interior las redes inmateriales son aquellas que la diseñan y la dirigen, sobre todo cuando la mercancía producida es material. Una estructura a flujos presupone la central de las redes lingüísticas de comunicación y el desarrollo de una cooperación social. Tal cooperación lleva consigo tanto la transmisión de símbolos como el transporte logístico de las mercancías y de los bienes. Dentro de este espacio, la cooperación, más allá de ser horizontal, se desarrolla a lo largo de nuevas trayectorias de división espacial de la producción y división cognitiva del trabajo. La producción reticular, el network, es aquel espacio molecular, individualizado, caracterizado por relaciones individuales que la mayoría de las veces producen cooperación pero no son cooperativas entre ellas.


9- En el capitalismo cognitivo, la mercancía asume nuevos significados. El valor de la mercancía no puede ser definido sólo por el “tiempo de trabajo necesario” sino que a dicho valor, que no desaparece, se le añade un valor que deriva del grado de simbolización social que contiene. El valor simbólico de la mercancía está más presente en la mercancía cuanto mayor es su inmaterialidad. Sobre esta peineta se juega la relación entre producción y realización (consumo) de las mercancías y la actividad de consumo no sólo realiza el valor de las mercancías sino que lo valora al mismo tiempo. Es sobre esta peineta-cresta donde se juega la relación entre producción y realización (consumo) de las mercancías y la actividad de consumo no sólo realiza el valor de la mercancía sino que lo valoriza al mismo tiempo.


10- El capitalismo cognitivo la vida misma es puesta en valor. Esto sucede a través de la valorización de las diferencias que cada individuo lleva consigo. Son justo estas diferencias, con su singularidad, las que hacen posible la actividad relacional que está en la base de la cooperación social que produce el general intellect a las diferencias definidas sobre los presupuestos de raza, de género, etc., se añaden las diferencias tout court a ser valorizadas, prescindiendo de las características antropológicas que la definen. Lo que empieza a venir segmentado y dividido son las diferencias cerebrales, o lo que es lo mismo, la individualidad. Las diferencias espaciales y biológicas, el género y la raza en primer lugar, pueden al límite constituir instrumentos de disciplina inmediata del cuerpo social. Pero la tendencia que parece emerger es hacia la constitución- preocupante- de una subjetividad humana caracterizada por el conflicto contradictorio entre creatividad del hacer y homologación cerebral: una cuestión de ser biónico, en grado de gestionar el proceso antropogenético de producción: un mundo donde se niega la individualidad pero se enfatiza el individualismo. El capitalismo cognitivo es producción económica, es bioeconomía.


11- El capitalismo cognitivo, la creación del valor se funda en último analisis sobre el proceso de expropiación del general intellect por fines de acumulación privada. El general intellect es fruto de la cooperación social que está en la base y permite el pasaje del conocimiento tácito al conocimiento codificado como conocimiento social. Tal pasaje viene regulado por la evolución de las formas jurídicas de los derechos de la propiedad intelectual. Dicha propiedad se suma a la propiedad de los medios de producción, dando así la posibilidad a la propiedad privada de controlar el proceso de generación (propiedad intelectual) y de difusión del conocimiento (propiedad de los medios de producción). Ya que la explotación del general intellect implica la puesta en valor de la existencia de los individuos, el proceso de creación del trabajo ya no está limitado a una única jornada laboral, sino que se extiende hasta englobar la entera existencia humana. Con esto se quiere decir que la medida de la explotación no es tanto el tiempo de la jornada laboral que genera el plusvalor, sino más bien, aquella parte del arco de vida necesario para generar el conocimiento tácito y por consiguiente el conocimiento social que viene después expropiado del proceso de acumulación.

Las formas efectivas y directas con las que la expropiación del general intellect crean valor pueden ser de diferentes tipos. Entre éstas, la valorización a la mercancía dada en el proceso de brandizzazione (esgrimización) es particularmente significativa. El valor de la mercancía aumenta al aumentar su significado simbólico y su capacidad de generar imaginario que es compartido entre los clientes. También en este caso, el plusvalor tiene origen en los elementos de total inmaterialidad, creados por convenciones comportamentales o actividades relacionales comunes como sucede en el funcionamiento de los mercados financieros.

Si la propiedad privada de los medios de producción implica el hurto de parte de la jornada de trabajo y consiente la generación de plusvalor, la propiedad privada intelectual es el hurto del conocimiento social como bien común. En el capitalismo cognitivo, la creación de valor es la expropiación del “común”.


12- En el capitalismo cognitivo, la remuneración de la prestación laboral es la renta de existencia, así como en la época del capitalismo fordista era el salario el que definía la retribución del trabajo dependiente subordinado.