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13 de julio de 2016

La sociedad de la transparecia, Byung-Chul Han (fragmento)

Fragmento del apartado: "La Sociedad del control"

La sociedad actual del control muestra una especial estructura panóptica. En contraposición a los moradores aislados entre sí en el panóptico de Bentham, los moradores se conectan y se comunican intensamente entre sí. Lo que garantiza la transparencia no es la soledad mediante el aislamiento, sino la hipercomunicación. La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan. Ellos mismos se exponen en el mercado panóptico. La exhibición pornográfica y el control panóptico se compenetran. El exhibicionismo y el voyeurismo alimentan las redes como panóptico digital. La sociedad del control se consuma allí donde su sujeto se desnuda no por coacción externa, sino por la necesidad engendrada en sí mismo, es decir, allí donde el miedo de tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede a la necesidad de exhibirse sin vergüenza.





Me gusta este culiao. La hace corta, no se va en especulaciones weonas ni emplea un lenguaje críptico. La larga y ya.
A la mierda con los weones amantes de la retórica insulsa.

20 de marzo de 2014

El exitismo como móvil 'connatural' en la espiral entrópica de la cultura o una reflexión weona producto del cansancio :D


Confieso que, hasta hace algunos días, tenía considerada la opción de continuar mis estudios en un Magíster de Lingüística Aplicada. ¿Qué es lo que me ha hecho cambiar de opinión? La idea de aducir una aparente sapiencia portando un cartón, como si aquello me emplazara intelectualmente sobre los demás. Vaya estulticia.

Ese pensamiento ingenuo (doy el beneficio de la duda) ha impregnado las conciencias de mis pares, quienes suponen el alcance de mayores oportunidades laborales a través de la dilatación del currículum, para así obtener un estatus que no habría de ser concedido por otros medios; además, así lo compele el mercado: mientras más títulos posees,  hay más posibilidades de ser exitoso. Entonces, acá reunimos dos conceptos sustanciales: cultura exitista y credencialismo.

¿Las ansias de superación son connaturales a nuestra esencia*? Probablemente, sí. El quid es la forma, el cómo, los mecanismos que precisamos para lograr nuestros fines; la coacción de la propia voluntad para la consecución de un objetivo, que por lo demás es baladí -y que se transmuta, con el paso del tiempo y la interacción con los otros, en una necesidad vital- . Alguna vez leí o vi una sentencia que alude a la atmósfera competitiva que experimenta el ser humano desde el momento en que los espermatozoides se debaten por ovular. Si bien es una moción falaz, cobra congruencia en la facticidad de la vida, en el seno sociocultural en que nos desarrollamos.

El amor por el conocimiento y la belleza se ha deslustrado por el miedo que conlleva desenvolverse dentro de esta cultura como un espectro imperceptible, como un átomo más de esta gran masa impía que es la sociedad. Finalmente, somos despojos movidos por pasiones ajenas, por la entropía de la otredad -en un sentido inicuo-.

El cambio de paradigma, sin duda ha imbuido el nivel ético y ontológico de la existencia: ya nada es como debería ser, todo es relativo e incuestionable.

Mi visión fatalista suena a seppuku, ¡pero no! Hay Pollo para rato JOJ.








* Lo puse en cursivas porque es un término discutible

11 de noviembre de 2012

Re-presentando el poder: una lectura multimodal de algunos medios electrónicos.


Buen artículo. No esperaba menos de Williamson :')

http://148.206.107.15/biblioteca_digital/estadistica.php?id_host=6&tipo=ARTICULO&id=1847&archivo=7-128-1847esb.pdf&titulo=Re-presentando%20el%20poder:%20una%20lectura%20multimodal%20de%20algunos%20medios%20elentr%C3%B3nicos

17 de junio de 2012

Cosillas tecnológicas que quiero para mí!

1.- Lápiz digital Staedtler: ideal para quienes odiamos tipear




2.- Motito liviana y compacta



3.- Lentes interactivos (?)



4.- La cama que se hace sola



5.- Monitor indestructible y flexible









3 de febrero de 2012

3.- El fenómeno social del consumismo como expresión de los imaginarios sociales y su influjo en la sociedad a través de la Familia. El caso de Chile.

Esta parte la hice medio dormida, así que no me convence del todo.


Para abordar el fenómeno del consumismo y su impacto en la sociedad por medio de la institución de la Familia, es necesario realizar la distinción entre los términos “consumo” y “consumismo”. Se entiende por consumo la acción de gastar productos de diverso tipo con el propósito de generar bienestar y satisfacer las necesidades inmediatas del ser humano; su contraparte, el consumismo, es en concreto el consumo excesivo de bienes y servicios que no son necesarios para la subsistencia y se caracterizan por su desechabilidad.

Se dice que el consumismo es una práctica arraigada en aquellos países con un alto nivel de industrialización, por lo que el tipo de sociedad que se corresponde con estos es denominado  “sociedad de consumo”;  es  ahí donde se da lugar a la producción en masa, la explotación indiscriminada de recursos naturales y la devualación del rol del consumidor, debido a que su actividad deja de ser sólo económica para transformarse en un campo de la creación de significación. Bocock utiliza el nombre “capitalismo de consumo” para analizar el fenómeno que determina al sistema económico mediante valores culturales.

Es posible detectar tres tipos de factores que inciden en el consumismo: el de estatus, el de la masificación y el de lo afectivo, relacionados todos con el contexto sociocultural, los medios de producción y las formas de persuasión establecidas, principalmente, por los Medios de Comunicación. Los Medios de Comunicación son los agentes encargados de contribuir en forma activa a la construcción de normas de comportamiento, saberes y subjetividades, por lo que su influencia en el consumo desmedido de las masas es innegable. Estos son el soporte ideal para la publicidad y el marketing, los cuales son creadores de necesidades y deseos.

Quienes se sitúan en la cúpula dominante de la sociedad tienen por objeto mantener el discurso hegemónico gracias a la producción y reproducción de imaginarios sociales. Los intereses del capitalismo están enfocados en la legitimación de la sociedad de consumo, de modo que estarán en la permanente búsqueda de nuevos mecanismos para involucrarse en la vida de las personas, perpetuar las relaciones de poder y ejercer control sobre ella. Algunos teóricos han advertido el hecho de que la familia es el ámbito principal en el que se juega la preeminencia del sistema de dominación existente, razón por la que el “objeto – familia” constituye la plataforma idónea para penetrar y modificar a nivel estructural su funcionalidad, la naturaleza de sus relaciones y, esencialmente, el orden de sus prioridades.

Nuestro país fue escenario de aquel proceso entre las décadas de los ’70 y ’80, favorecido por la dictadura militar y la ejecución de reformas económicas y sociales de la mano de los Chicago Boys, quienes implementaron una política basada en el sistema de mercado y la descentralización del control de la economía. Finalmente, ello se tradujo en la privatización la industria nacional, la creación del sistema de AFP, financieras, la introducción de la tarjeta de crédito y la aparición de multinacionales y/o empresas asociadas con el retail.

Para justificar los cambios que se habían producido en el discurso dominante, bastaba con la política disuasiva propia de una tiranía, sin embargo, ante un eventual “cambio de gobierno”, se pensó en llevar a cabo procedimientos que garantizaran la perpetuidad del sistema en el inconsciente colectivo. Al apreciar los anuncios publicitarios de la época es posible notar la construcción y reproducción de imaginarios sociales basados en la adquisición de bienes y servicios como una manera de lograr estatus, ergo, una posición en la sociedad. El impacto de la persuasión se acentuaba en la medida en que se exaltaba la institución de la Familia a partir de la fórmula “Padre-madre-hijos-casa-auto”.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, el estereotipo de la Familia en las publicidades de antaño sigue más vigente que nunca, a causa de la influencia del uso de imaginarios sociales para promover, justificar y mantener los discursos dominantes. Podemos inferir aquello en cuanto al orden de prioridades de los individuos, ya que, en el actual contexto, pareciera ser de mayor importancia el televisor con pantalla LED o poseer el Iphone 4s antes que los libros, por dar un ejemplo. Es por eso que desprendemos en toda construcción y socialización de las representaciones el discurso hegemónico es fundamental, así como la elaboración social de representaciones de la realidad sólo se concreta a partir de la comunicación humana.

2.- Los imaginarios sociales como expresión del ejercicio del poder. El poder como una relación de fuerzas presentes en todo fenómeno social.



Las definiciones clásicas del término “poder” apuntan al dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para ejecutar algo o mandar; no obstante, estas nociones comprenden el poder como un acto en sí mismo, sin contemplar una perspectiva relacional que permita develar la transversalidad de su naturaleza y, por consiguiente, asumir la idea de sociedad como un conjunto de relaciones sociales. Foucault señala al respecto que:

 El poder no es una institución ni una estructura, o cierta fuerza con la que están investidas determinadas personas; es el nombre dado a una compleja relación estratégica en una sociedad dada.

Para Foucault, el poder consiste en una relación de fuerzas que ha estado presente desde siempre en la sociedad y que se hace manifiesta en todo fenómeno social, puesto que toda relación social es vehículo de poder. Las ideologías hegemónicas ven tierra fértil para su perpetuidad en el ejercicio amplio y continuo del poder desde el cuerpo individual hasta las grandes masas, es decir, en la relación entre “micro – poderes”, de la cual resulta la creación de normas, convenios, formas de propiedad, entre otros. Los mecanismos de poder que operan en la sociedad capitalista influyen notoriamente en la conformación de la subjetividad de las personas, por ende, de los imaginarios sociales.

En otras palabras, los imaginarios sociales son el resultado de una compleja red de discursos y prácticas sociales en las que el poder asume un papel fundamental al constituirse, en su dimensión relacional, como elemento intrínseco de toda organización social.

 En la actualidad, las diferentes ideologías elaboran el discurso de legitimación del orden social imperante, sin considerar las ontologías que definen la realidad como referencia exterior a éstas. En tanto, el sistema económico dominante de occidente abre paso a un nuevo proceso acumulativo del capital, por lo que es indispensable buscar la instancia para justificar estos cambios ante la sociedad. Para ello precisa de la reescritura de los discursos que fundamentan el actual orden social.

Frente a los nuevos movimientos sociales que nacen de las capas dominadas, se impone el discurso de la nueva subjetividad, de la cultura como elemento diferenciador de identidades y el del consumo, lo que se halla estrechamente ligado a la burocratización y monetarización de lo público y lo privado, haciendo de ello la piedra angular de nuestra cotidianidad.

1.- Caracterización del concepto de “imaginario social”

Éste fue el último trabajo del semestre, por el que obtuve un hermosísimo 98. He dormido la nada misma, pero vale la pena. Todo vale la pena ahora que estoy cada vez más cerca de egresar.
Dedicado a mi crustacito que el día de hoy cumple su mayoría de edad universal =*



1.- Caracterización del concepto de “imaginario social”

            El ser humano, como ente social, posee la capacidad connatural de imaginar, proyectar una representación de sí mismo y de su entorno, lo que le permite interpretar la realidad en la que está inmerso, como también responder a las necesidades impuestas por el medio. El consenso de las representaciones que se generan dentro de una sociedad se conoce como “imaginario social”, el cual se configura sobre la base de un pensamiento común que se expresa en el campo de lo simbólico, mediante el lenguaje y el accionar de cada individuo. Los imaginarios sociales producen valores, parámetros de apreciación, ideales y conductas que rigen la vida de las personas que integran una cultura.

Cornelius Castoriadis formula el concepto de imaginario social para referirse a las representaciones sociales que se erigen a partir de la construcción simbólica y se constituyen bajo la forma de instituciones que orientan el funcionamiento y el dinamismo de una colectividad. Para Gilbert Durand, el imaginario comprende el conjunto de imágenes y de las relaciones de imágenes que constituye el capital de pensamiento del homo sapiens.

El imaginario social está dividido en dos planos de significación que difieren entre sí, pero que a la vez manifiestan cierto grado de dependencia en cuanto uno es instrumento del otro, por lo que se estaría hablando de un plano de significación primario o central y de uno de tipo secundario. Las instituciones que forman  parte de los primarios son: Dios, el Estado y la Familia; mientras que los secundarios sólo existen en función de los centrales, como lo es el “ciudadano” respecto de la idea de “Estado”.

Al tratarse de elaboraciones humanas, los imaginarios sociales no permanecen estáticos, sino que propician cambios profundos dentro de las sociedades, pues, como señala Castoriadis, lo que en cada momento es, no está plenamente determinado hasta el punto de excluir el surgimiento de otras determinaciones. Es así como el cambio social implica discontinuidades radicales.





6 de julio de 2011

"Del autoasesinato al suicidio" (fragmento)

El suicidio, de Edouard Manet (1877)*


La aparición del sustantivo "suicidio", al igual que el concepto mente, es una invención occidental del siglo XVII. Ambos términos reflejan un importante cambio cultural: de percibir la muerte voluntaria como una acción de la cual la persona es responsable a percibirla como un suceso del que ya no es. Pero también hemos pasado de contemplar a las personas como poseedoras de alma y libre albedrío a verlas como poseedoras de mentes que pueden desequilibrarse, impidiendo decisiones verdaderamente libres.

Mientras el autoasesinato fue considerado una acción, el lenguaje sólo dispuso de verbos para referirse a él. Ausente la palabra "suicidio", la gente consideraba al suicida un sujeto moral, responsable de su decisión. Por el contrario, ahora pensamos que el suicidio es un suceso o un resultado, lo atribuimos a una enfermedad mental y vemos al sujeto como una víctima ("paciente").

La transformación del alma en mente y del autoasesinato en suicidio señala el comienzo de una gran migración ideológica: muchas de las cuestiones propias de la religión pasarán a formar parte del campo de la medicina. Los pecados se convierten en enfermedades, y los comportamientos "reprobables" sustentados en motivos o razones pasan a ser conductas de "enfermos mentales", cuya causa (etiología) se puede determinar. Si bien atribuir el suicidio a una enfermedad mental excusa y, aparentemente, desestigmatiza el hecho como la consecuencia no deseada de la enfermedad, al mismo tiempo lo incrimina y estigmatiza de nuevo como una temida manifestación de la locura (hereditaria).




Extraído de "Libertad fatal: ética y política del suicidio", Thomas Szasz


* En mis tiempos de "suicida frustrada", esta imagen era casi paradigmática




29 de junio de 2008

Horrores en la ortografía (Parte I).-

Yo exigo, tú exigues, él exigue... Sin comentarios.





Acá tenemos un ejemplo de prosopopeya... Lástima que la acción atribuida al objeto irracional, también lo sea.




Un rayado al estilo Tarzán: Jamas ser «emos venSidos».




Xenofobia en su máxima expresión... Con un toque de buena onda: «:D!».





Creo que mejor me iré a tomar un «the».

20 de mayo de 2008

«Estrategias de manipulación»


“Es posible que para manipular eficazmente a la gente sea necesario hacer creer a todos que nadie les manipula”. Galbraith.

El dominio y el control sobre las personas y los pueblos se lleva a cabo mediante técnicas de manipulación. Noam Chomsky lo expresa con estas palabras: “ La manipulación y la utilización sectaria de la información deforman la opinión pública y anulan la capacidad del ciudadano para decidir libre y responsablemente. Si la información y la propaganda resultan armas de gran eficacia en manos de regímenes totalitarios, no dejan de serlo en los sistemas democráticos; y quien domina la información, domina en cierta forma la cultura, la ideología y, por tanto, controla también en gran medida a la sociedad”.

  1. Crear problemas, después ofrecer soluciones.

    Este método es también denominado “problema- reacción- solución”. Se crea primero el problema, una “situación” prevista para suscitar una cierta reacción del público, a fin de que éste sea el demandante de medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desarrolle o intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad o policíacas que limiten la libertad, o justifiquen acciones militares. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

  2. La estrategia del “poco a poco” o la degradación progresiva.

    Para hacer aceptar una medida socialmente inaceptable, es suficiente aplicarla progresivamente, a lo largo de un ciclo de 10 o 20 años. De esa manera, condiciones socio-económicas radicalmente nuevas han sido impuestas: reconversiones, desempleo masivo, precariedad, flexibilidad, relocalización, salarios que ya no aseguran ingresos mínimos, aborto, eutanasia,...

  3. La estrategia del contecimiento inevitable y la resignación

    Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es presentarlo como “dolorosa pero necesaria”, obteniendo el acuerdo del público en el momento para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Deja más tiempo para que la sociedad se acostumbre a la idea de un cambio inevitable y de aceptarlo con resignación cuando llegue el momento. Ejemplo: el paso hacia el Euro y la pérdida de soberanía monetaria y económica.

  4. Dirigirse a un público infantilizándolo.

    La mayoría de los programas de TV dirigidos al gran público utiliza un discurso, argumentos, personajes, y un tono particularmente infantil, como si el espectador fuera un niño de corta edad. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador u oyente, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? Si se dirige a una persona como si tuviera la edad de 12 años, sin plantearle nada que le cuestione, tendrá, con cierta probabilidad, una respuesta o reacción desprovista de sentido crítico.

  5. Utilizar el aspecto emocional y no la reflexión.

    Adolf Hitler decía: “ Por medio de hábiles mentiras, repetidas hasta la saciedad, es posible hacer creer a la gente que el cielo es el infierno y el infierno el cielo... Cuanto más grande sea la mentira, más la creen (...) Me valgo de la emoción para la mayoría y reservo la razón para la minoría”.

  6. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

    Hacer de forma que el público sea incapaz de comprender el mundo en que vive y los métodos utilizados para su control y esclavitud. Que piense: “NO se puede hacer nada”. Se consigue con la calidad de la educación, con la programación de los medios de comunicación. Para la mayoría, la mediocridad. La excelencia sólo para una minoría elitista. Una mentira o una media verdad repetida por un poderoso medio de comunicación, o una institución científica, en convierte en una verdad de hecho; viene a constituir “una creencia”, algo intocable. La propaganda tiende a favorecer no verdades sino “creencias”.

  7. Reemplazar la acción revolucionaria por la culpabilidad y el individualismo.

    Hacer creer al individuo que él sólo es el único responsable de su desgracia, a causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en vez de asociarse para luchar, el individuo se autodevalúa y se culpabiliza, lo que genera un estado depresivo que le inhabilita para la acción. Un ejemplo es la aceptación de millones de personas en paro o en la precariedad sin ejercer la mínima protesta. Otro es el auge de un asistencialismo de nuevo cuño que a través de las ONG canaliza los sentimientos de culpabilidad y contribuye a eliminar la conciencia política de los problemas.

  8. Conocer a los individuos mejor de lo que se conocen a sí mismos.

    En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una brecha creciente entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por la elite dirigente. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el sistema ha logrado un conocimiento avanzado del ser humano. Esto significa en la mayoría de los casos que posee un mayor control y un mayor poder sobre las personas que las personas sobre ellas mismas. El que fuera director de la Coca Cola, David Wheldon, expresaba así su estrategia de dominación: “Ante la dificultad de prever cómo será el consumidor del futuro, la solución es crearlo nosotros mismos desde el presente con la ayuda de buenas ideas y buena publicidad. El consumidor del futuro va a estar donde queramos que esté”. La verdad es que no hay equipo de sociólogos o psicólogos capaz de rivalizar con los que emplean las grandes compañías transnacionales.

  9. Controlar la democracia.
    “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley imaginaba lo que sería una dictadura perfecta: una dictadura con apariencias de democracia, con individuos genéticamente condicionados. Un sistema de esclavitud basado en el consumo y la diversión, donde los individuos amaran más que a su vida su propia servidumbre, donde ese amor llevara por nombre “libertad”. La manipulación es insostenible sin apariencia de democracia. La democracia real es intolerable para el que busca manipular. Reclamar hoy la democracia real, autogestión, es ilegal. Está prohibido por ley pasar de la “participación”.

  10. Manipular el lenguaje.

    A la miseria no se la puede llamar hambre, porque el hambre es sólo cuestión de comer. El hambre no es un asesinato político ni un genocidio, aunque deje sin vida a más de 100.000 personas a diario, sino un problema de sequía, malos gobiernos y catástrofes naturales. A la condena al trabajo forzado de los niños, esclavitud infantil, se la llama “trabajo de los niños”. A los países que han sido esquilmados y empobrecidos por el latrocinio de las grandes empresas y los intereses de las grandes potencias y que tratan de salir de la miseria acatando las recetas de los que les han robado, se les llama “en vías de desarrollo”. A los inmigrantes que huyen del hambre se les llama “ilegales”. A las personas que buscan trabajo se les llama “mercado de trabajo” o “capital humano”. A las personas que ofrecen sus recursos mentales y físicos en las empresas, se las llama “recursos humanos”. A las ayudas humillantes que dicen prestar los que primero han robado, les llaman “cooperación”. A dar lo que nos sobra, delante de todo el mundo, lo llamamos “solidaridad”.

    Nombrar el mundo es la base de toda humanización. Repetir las etiquetas que pone el poder para nombrarle, la de toda manipulación y degradación del ser humano. La miseria más profunda que puede sufrir el hombre es la de su ignorancia promovida y consentida.


Por Manuel Araus y Francisco Sandalio.-