
August Strindberg es de esos autores que entrañan algo más que una supuesta exégesis de su producción literaria. Sus obras están abiertas a la polisemia, dada la enorme cantidad de símbolos que se manifiestan y hacen recurrentes, la aparición de personajes arquetípicos, el dinamismo de la acción dramática debido a la constante tensión entre los tópicos que aplica en ella, así como el uso de expresiones que denotan el espectro anímico del narrador (el que suele ser extradiegético en la mayoría de los casos).
Pero la fuerza de su literatura no sólo proviene de su conocimiento teórico y vivencial, que de por sí dan vida a la forma artística, sino que además recibe el influjo de una personalidad resquebrajada por la paranoia y la impulsividad. Una prueba de esto último reside en su vehemencia para abordar los temas de la feminidad, que derivó desde el feminismo radical hasta la misoginia.
Es precisamente ese caos espiritual el que revolucionó la dramaturgia de su tiempo, al transportar el carácter realista/naturalista del teatro a un nivel meramente psicólogico, en el cual predominan las luchas internas con el pasado y todo lo que éste compone, revelando pequeños atisbos de tragicidad y/o conciliación. Lo trágico pasa a ser una fase insoslayable de esta dialéctica para alcanzar la comunión personal.
Las nuevas formas de dramaturgia impuestas por el escritor sueco fueron las precursoras de tendencias como el teatro de la crueldad y el teatro del absurdo. ¡Qué hubiera sido de Antonin Artaud sin Strindberg!
A continuación dejo fragmentos de un par de obras dramáticas:
«EL EXTRANJERO: no, pero cómo se enmarañó todo aquí, nuestros destinos con los destinos de los demás...
EL TINTORERO: sin duda ocurre lo mismo en todas partes
EL EXTRANJERO: sí, en todas partes es igual... cuando uno es joven ve cómo se monta el telar: los padres, la familia, los camaradas, las relaciones, los criados representan los hilos de la cadena; la trama aparece más tarde, a medida que la lanzadera del destino va y viene; a veces el hilo se rompe, pero vuelve a anudarse, el telar marcha sin cesar, las líneas se esbozan y la tela se alarga. Cuando uno envejece y los ojos por fin aprenden a ver, se advierte que todas esas líneas forman un dibujo, un ornamento, un monograma, un signo que no era posible descifrar antes y que es nuestra vida (pausa. Se levanta). Mira, ahí, entre esos trastos viejos está el álbum de fotos de la familia (se dirige hacia la derecha y recoge un álbum). En este libro están encerrados nuestros destinos (...)»
- La casa incendiada-
-------------------------------------------------------------------------------------------------
«EL ESTUDIANTE: (...) era un domingo por la mañana, miré por la ventana, ¿y qué vi? Un coronel que no era coronel, un noble benefactor que era un bandido y se vio forzado a ahorcarse. Vi también una momia que no era una momia, y una virgen... A propósito, ¿dónde hallar la virginidad? ¿Dónde hallar la belleza? En la naturaleza, en mi imaginación cuando se viste con sus mejores galas domingueras. Y el honor y la fidelidad, ¿dónde están? En el teatro, en los cuentos de hadas y los espectáculos para niños... ¿Dónde existe algo que cumpla con sus promesas? ¡Sólo en nuestros sueños, en nuestra imaginación! Tus flores me envenenaron y ahora te enveneno a ti (...)
Hay venenos que enceguecen y otros que nos abren los ojos. Yo he debido nacer con los ojos abiertos, pues no puedo confundir la belleza con la fealdad ni el bien con el mal (...)
La joven se desploma, como herida de muerte, pero alcanza a tocar la ventanilla. Entra Bengtsson.
LA JOVEN: ¡Pronto... el biombo... me muero!
Bengtsson trae el biombo y lo coloca delante de la joven
EL ESTUDIANTE: ¡Se acerca la liberación! ¡Bienvenida seas, tú, tan dulce y pálida! Duerme, hermosa mía, alma infortunada, inocente, tú que sufres por la culpa de otros, duerme con un sueño sin sueños y cuando despiertes nuevamente, que te salude un sol que no quema, una morada sin polvo, amigos sin dobleces, un amor sin tacha (...)»
- La sonata de los espectros -
7 de noviembre de 2009
August Strindberg (una entrada un "poquito larga")
Escupió Mouchette A las 12:17
Etiquetas: literatura
4 de noviembre de 2009
Vamos por parte, punto por punto...
Desde lo banal hasta lo menos banal, pero igual banal.
Tengo teclado, ¡al fin! Esto de marcar letras con el botón izquierdo del ratón estaba empezando a exasperarme. Pero ahora puedo decir todo lo que quiera porque tengo TECLADO NUEVOOOO
ASkajdklsdugdgdh
eeeehhhhhhhhh
yujuuuuuuuuuuuu
yajuuuuuuuuuuuu
yahooo?
Me reconcilié con el té de jazmín...
Cuando decidiste echarme de tu vida, cambié todos mis hábitos y razonamientos sin predisponerme a ello. Dormía más, leía más, faltaba a clases , me hice un poco más que amiga del alcohol y las hierbas, lloraba a menudo, te veía por todas partes y... y... y...
me enfadé con el té de jazmín, el que tanto me recordaba a ti y a nuestros encuentros.
Pues ahora, después de haberte visto la cara, de compartir una jarra de chicha, de haber dicho que extrañaba nuestra amistad y recibir un abrazo tuyo, el sabor del té de jazmín volvió a manifestarse en mi boca.
Aunque la relación que llevo con el vino no ha variado demasiado, quizá sea bueno que deje de beber por un tiempo o que aprenda a moderarme, porque resulta que le conté cosas importantes de mi vida a un completo desconocido, besé los labios del busto de madera de Violeta Parra y hablé unas cuantas incoherencias por ahí. Lo bueno de eso, es que conocí a un amiguín muy simpático :)
El otro día caminé demasiado... todavía me duelen las piernas.
Lo que me tiene más preocupada:
Para mañana debo tener redactada una monografía sobre la poética de Jorge Teillier en relación con el sentimiento de nostalgia en el tiempo. Tengo las ideas dando vueltas, sé más o menos qué aspectos abordar...
¡PERO NO SÉ CÓMO CRESTA COMENZAR!
Las palabras se liberaron de la jaula de mi mente, al igual que el pájaro azul de Rubén Darío (JA!). Puede que nada de lo que diga tenga sentido, ya que ni siquiera existe cohesión.
Las representaciones simbólicas de los vocablos están dispersas, pueden recaer en uno como en otro; los lexemas no se unen a los mismos morfemas, todos los monemas tienen su propia dirección, independiente de su naturaleza derivativa.
El caos no sólo es léxico, sino también semántico, sintáctico o, mejor dicho, morfosintáctico.
Para mí pan significa lo mismo que angustia y lo contrario que madriguera. ¿Cómo puedo comprobar eso?
Odio las arbitrariedades del lenguaje, pero la gramática y la ortografía me alucinan, ¿cómo lo explico?
Chomsky, Grice, Saussure y todos esos viejitos han de estar revolcándose en su tumba, porque más encima, si todo sale como espero (o esperan), seré PROFESORA DE CASTELLANO.
¿QUÉ MIERDA VOY A ENSEÑARLE A LOS ESTUDIANTITOS?
Un amigo (que es un prospecto de psicólogo), dice que me expreso con neologismos, pero yo le respondo que no se confunda con barbarismos... ¡porque eso sí que no! No ando diciendo "bacalado" ni "interperie", además él no trata el tema de los neologismos como un vicio del idioma, sino como el resultado de una enfermedad mental (¡!)
Anoche soñé con demasiadas personas, en distintas situaciones... hasta el final de la "telenovela del momento" tuvo su porción de protagonismo. Yo creo que todo lo que apareció en esa serie de "revelaciones oníricas" no es más que el ansia de absoluto.
Tengo hambre de absolutos. Absolutos, venid a mí.
"No tengáis miedo... de mirarlo a él (a él... a él... a él... a él)"
Y de verdad que tengo hambre, así que me iré a preparar un delicioso yogur con cereales :D
30 de octubre de 2009
Historial de conversación de Messenger Plus!
Planeando la borrachera...
Inicio de sesión: jueves, 10 de septiembre de 2009
| (14:33) Lenore...: | es que wn preparemoslo acá primero |
|---|---|
| (14:34) Lenore...: | porque no sé |
| (14:34) Lenore...: | igual medio weveo |
| (14:34) Lenore...: | en la catilla |
| (14:34) Lenore...: | lecatille |
| (14:34) Mouchette: | y cómo lo llevamos? |
| (14:34) Mouchette: | revuelto? |
| (14:34) Lenore...: | en la wata |
| (14:34) Lenore...: | jajaajjaja |
| (14:34) Mouchette: | wuajajajajaja la weona |
| (14:34) Mouchette: | es que me quedé de juntar con gente allá ![]() |
| (14:34) Lenore...: | shute |
| (14:34) Lenore...: | ya entonces allá |
| (14:35) Mouchette: | yo a las 4 voy pa la u |
| (14:35) Lenore...: | ya |
| (14:35) Lenore...: | y a que hora es la peñasca? |
| (14:35) Mouchette: | a las 2 empieza |
| (14:35) Mouchette: | empezó |
| (14:36) Lenore...: | pero a las 2 empiezan a armar las weas |
| (14:36) Mouchette: | así que yo creo que el apogeo va a ser como a las 5 |
| (14:36) Mouchette: | y el acabóse como a las 7 |
| (14:36) Mouchette: | ![]() |
| (14:36) Lenore...: | es k a las 5 empiezan las ventas |
| (14:36) Lenore...: | creo |
| (14:36) Lenore...: | ya wn |
| (14:36) Lenore...: | vamssss |
| (14:36) Mouchette: | los cabros de la carrera van a empezar a vender al toke |
| (14:36) Lenore...: | y atrás nos hacemos los tirrimotos |
| (14:36) Mouchette: | sí wiona |
| (14:37) Mouchette: | ya |
| (14:37) Mouchette: | entonces a kiors nos juntams |
| (14:38) Lenore...: | aerssssss |
| (14:38) Lenore...: | ya wn a las 4 y mediams |
| (14:39) Lenore...: | oye en volá anda por ahi la glori |
| (14:39) Lenore...: | asi k si la divisai |
| (14:39) Lenore...: | auladle |
| (14:40) Mouchette: | no entendí? |
| (14:41) Lenore...: | es k iba al medico |
| (14:41) Lenore...: | y dijo k si no pillaba a nadie |
| (14:41) Lenore...: | se iba a ir |
| (14:41) Lenore...: | entonces pa k no se vaya |
| (14:41) Lenore...: | jajaja |
| (14:43) Mouchette: | si la pillo en la catilla? |
| (14:43) Lenore...: | si po |
| (14:43) Lenore...: | jajajjajaja |
| (14:43) Mouchette: | obvio po |
| (14:43) Mouchette: | uyeee |
| (14:43) Mouchette: | entonces cómo se hace? |
| (14:44) Lenore...: | jajajjaa |
| (14:44) Lenore...: | ya wiona |
| (14:45) Lenore...: | yo estaré allá a las 4 y medi |
| (14:45) Lenore...: | tu en que parte vay estar? |
| (14:45) Mouchette: | atrás yo casho |
| (14:45) Mouchette: | ![]() |
| (14:45) Lenore...: | jajaa |
| (14:45) Lenore...: | ya ahi te berlusconi |
| (14:45) Mouchette: | ![]() |
| (14:45) Mouchette: | ahjayahayahay |
| (14:45) Mouchette: | ya |
| (14:45) Mouchette: | titin me dice que compremos el helao a medias |
| (14:46) Lenore...: | ya po |
| (14:46) Mouchette: | ahora me dijo |
| (14:46) Mouchette: | que si faltaba helayo se hace la chucha |
| (14:46) Mouchette: | cucha |
| (14:46) Mouchette: | ![]() |
| (14:46) Lenore...: | así es |
| (14:46) Lenore...: | wiona |
| (14:46) Lenore...: | vamos a quedar pa la callampa humana |
| (14:47) Lenore...: | come harto |
| (14:47) Lenore...: | pa no morir luego |
| (14:47) Mouchette: | weno ![]() |
| (14:47) Mouchette: | ajajajaja |
| (14:47) Lenore...: | yo ya lo hice |
| (14:47) Mouchette: | me mandaré algo antes de salir |
| (14:47) Mouchette: | cosa de ir guatoneta |
| (14:48) Lenore...: | yo ya estoy watona |
| (14:49) Lenore...: | un verdadero bolo |
| (14:50) Mouchette: | wuajauajauajaua |
| (14:50) Mouchette: | peloteta |
27 de octubre de 2009
¡ay de mí!
Resulta que hace unos días tuve la genial idea de tomar té y fumar en este chiquero (tal es el desorden que LITERALMENTE no cabe un alfiler -quizá exagero un poco, pero está cerca de ello-), había dejado el tazón frente al monitor para que mi tecito se enfriara, mas una mala maniobra hizo que lo derramara sobre el teclado y... ¡caput, murió!
No conforme con tener que utilizar el "teclado en pantalla", mi salud física también se vio afectada por obra y gracia de quien les habla (suponiendo que existe un "alguien" que escuche mi voz tras estas palabras escritas con mouse ¬¬). De tanto comer chatarra y a deshora, terminé vomitando mi desayuno minutos antes de ir a la universidad, por la tarde caí presa de un estado febril casi delirante y durante la noche ya ni me podía mover; diagnóstico: gastroenteritis.
Así que de este modo paso mis días, comiendo fruta cocida y ejercitando el dedo índice de la mano derecha.
u.u
Parece que castellano está en paro, a todo esto.
20 de octubre de 2009
Jean Nicolas Arthur Rimbaud (20 de octubre de 1854 - 10 de noviembre de 1891)
Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones.
Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.
Yo me he armado contra la justicia.
Yo me he fugado. ¡Oh brujas, oh miseria, odio, mi tesoro fue confiado a vosotros!
Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda dicha, para estrangularla, salté con el ataque sordo del animal feroz.
Yo llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas, para sofocarme con sangre, con arena. El infortunio fue mi dios. Yo me he tendido cuan largo era en el barro. Me he secado en la ráfaga del crimen. Y le he jugado malas pasadas a la locura.
Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota.
Ahora bien, recientemente, como estuviera a punto de exhalar el último ¡cuac! pensé en buscar la llave del antiguo festín, en el que acaso recobrara el apetito.
Esa llave es la caridad. ¡Y tal inspiración demuestra que he soñado!
"Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio que me coronó con tan amables amapolas. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales".
¡Ah! ¡por demás los tengo! Pero, caro Satán, os conjuro a ello, ¡menos irritación en esos ojos! Y a la espera de las pocas y pequeñas cobardías que faltan, desprendo para vos, que amáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas páginas horrendas de mi carnet de condenado.
Escupió Mouchette A las 19:04
Etiquetas: literatura
18 de octubre de 2009
People like YOU find it easy...
Y es así, lo que pasa es que yo me complico demasiado con las cosas, digamos que, las cuestiono, pero resulta que al final nada de lo planteado en mi mentecita de vesánica se lleva a efecto, puesto que los impulsos se interponen. Entonces debería dejar de pensar tanto y permitir que las vísceras hagan su trabajo, así me ahorro dolores de cabeza, lágrimas y maldiciones hacia mi persona; empero, no es fácil vivir de las reacciones que genera aquella "energía interna", no si está activada la capacidad de sentir culpa. Ser presa de los remordimientos es la peor cosa que puede haber. Cuando uno sabe que no ha hecho lo correcto o que ha atentado contra la integridad de otro, la idea no es sentir ese pulular constante del arrepentimiento, sino intentar hacer algo para remediar la mala acción... ello implica el uso del raciocinio.
Se supone que ambos extremos son perniciosos: cuando la vida entera es un impulso, todo sale mal, te enemistas con tus seres queridos, rompes más de algún objeto o, simplemente, te conviertas en un mar de llanto; por otro lado, vivir bajo una cúpula en la que todo está prolijamente estructurado, culmina con la mecanización de las emociones.
Me acuerdo de "cierta persona" cuando decidió que lo mejor era que terminase la relación y en sus argumentos mencionó algo como: "no me acostumbro al sufrimiento y cuando sufro, desaparezco", "estoy haciendo esto porque quiero evitar hacerme daño y de paso dañarte a ti", "lo he pensado bien... es mejor que no nos veamos en un tiempo". Lo peor de la situación, es que me lo dijo ni más ni menos que vía msn (esto último sonó incoherente, aunque quizá venga al caso ya que no tuve la oportunidad de advertir su actitud y, por consiguiente, no tomé el peso de lo que ocurría).
De sus aserciones sólo puedo inferir dos eventualidades: de un lado, puede que en realidad haya deseado sacarme de encima sin herir mi ego; de otro, la posibilidad (que es lo que creo por momentos) de que sí me hubiese querido, mas no se atrevió a dejar fluir sus sentimientos por temor a entregar demasiado y quedarse sin nada, así que prefirió cortar por lo sano. De todas formas, poco importa. Comprendí que concibe su existencia sobre la base de lo que dicta la razón, con lo cual no puedo debatirme pues lo "concreto" tiene todas las de ganar.
Pero de toda vivencia siempre queda una conclusión para aplicar en lo venidero, no por mucho razonar se evitan los problemas. Y si bien mi naturaleza es impulsiva, más vale seguir de esa manera antes que manipular los acontecimientos en relación a ensamblajes que tarde o temprano se van a desmoronar.
Después estaré como Tolstoi, diciendo:
"La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón."
12 de octubre de 2009
cosas sobrevaloradas
El Principito
Hay personas que lo han leído al menos unas 15 veces para adquirir nuevas interpretaciones y aplicarlas en la vida como si se tratara de un manual polisémico.
Las "drogas duras"
No pretendo ser William Burroughs ni mucho menos, pero a mí parecer, este tipo de sustancias no hace sino entorpecer las capacidades cognitivas y convertirnos en instrumentos de los grupos opresores (entiéndase Estado y Capital). La mayoría de las veces, los consumidores intentan proyectar una actitud divergente de la del resto, para así reafirmar su propia identidad. Otros, en tanto, tienen ínfulas de intelectuales que "buscan la inspiración" a través de los excesos.
No es una práctica condenable, pero se deben medir las consecuencias. Yo prefiero moderarme y no quedar tarada (no por eso, espero).
Europa
Tiene mucha más historia que América (en apariencia), la gente es abierta de mente, viste a la moda, es atractiva, blablablabla. Todos hemos soñado con conocer el viejo continente antes de morir; además, miramos con devoción las imágenes de los grandes monumentos de París, Londres, Madrid o Roma.
Llega a ser pernicioso en el momento en que el cosmopolitismo nos cierra ante nuestra idiosincrasia latinoamericana.
Ser directo
La excusa perfecta para zaherir a los demás. "Te lo digo a la cara y no por la espalda" o "estoy siendo sincero", son las frases más recurrentes.
Amélie
La chica guapa e inteligente que disfruta de los placeres sencillos, es idealista y de buen corazón.
A todos nos gustaría ser así de especial, ¿no?
Clementine
La joven algo loca y revoltosa que inspira ternura. Es la mujer ideal (?)
El amor.
Esto va especialmente para mí, que me desangro por no ser correspondida y deambulo cual Werther por las noches, con los ojos desorbitados, las mejillas sonrosadas y un pañuelo en mano para escupir sangre, producto de la tisis.
Bien, no es el fin del mundo... ya no me suicidé. Así que me rogaré por favor no dar más jugo con la weaita de "¿por qué nunca me amará alguien?".
No pretendo herir sensibilidades, va en la buena ondita :D
7 de octubre de 2009
Homenaje a Edgar Allan Poe
El corazón delator
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.
Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
-¿Quién está ahí?
Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.
Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.
Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.
Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.
Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!
Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.
Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!
-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!
FIN
Dejo un cortometraje animado de 1953, dirigido por Ted Parmelee.
"The tell tale heart"
Escupió Mouchette A las 9:08
6 de octubre de 2009
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Se ha licuado el tósigo de mis venas, sin desbridarlas del todo.
Somos fruto del arbusto del sufrimiento; nos nutrimos de la médula de sus ramas mientras una pena consuntiva succiona nuestra sangre.
Somos el esputo de Dios, dicen los desconsolados.
No hay nada más agobiante que vivir con los nervios torcidos.
peste
septe
etspe
petse
etpes
tespe
Irrigación sanguínea... Ñ A C H E
ÑURDO
Burdo
Al borde del precipicio sin fondo, acabo de retroceder un paso.



